31 de mayo del 2011.
Hoy, al despertar, en lo único que podía pensar era en regalarte una poesía. Recurrir a la métrica para olvidarme de la estética al intentar enamorarte esta noche, al intentar sentir tu calor. Sin embargo, las musas que inspiraron a Alighieri, a Neruda, Bécquer y Darío son ingratas con quienes sin merecerlas, pretendemos poseerlas, para hacernos de su ternura y así obtener el favor de su inspiración.
Sin embargo, eso no ha sido limitante para plasmar lo que en este instante siento por ti. Y quiero así cantarte, entregarte lo que soy y esperar que sea suficiente para ti. Es ésta, también, la oportunidad de recordarte que yo a cambio nada te pido. Que si me lo pidieras, yo el mundo pondría a tus pies, tan sólo por una mirada, por una caricia… por un suspiro.
Quiero pedirte que nunca olvides, que siempre tengas presente en tu corazón, que nunca podría encontrar tesoro suficiente para agradecerte por todas las ocasiones en las que me has devuelto la razón, la cordura y las ganas de seguir… que eres tu quien puede apaciguar a este enardecido guerrero con sólo un susurro emitir.
Al igual, debo agradecerte porque tantas veces me has visto caer y sufrir, pero en cada una de esas ocasiones me has hecho volver a sentir que no todo está perdido, que siempre habrá algo más que nos motive para seguir. Me has gritado a la cara más de una vez sin tu garganta herir que aunque el camino sea doloroso, tu ternura me podrá siempre redimir.
Yo te ofrezco mi vida, te la entrego sin condición, tú has con ella lo que quieras, no tengas pendiente, tampoco preocupación, ya que estoy consciente que en este viaje no tengo el viento a favor y a pesar de ello, apostaré en el juego, creyendo que no seré perdedor.
“Muy bien, llamas bailarinas, ustedes que me dan su calor, yo pondré estas letras en sus manos, porque sé que harán con ellas lo mejor… yo confió y comprendo que aunque los poemas fueron hechos para recitarse y las melodías para entonarse… bueno, tal vez con esta carta deba haber una excepción”.